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lunes, 4 de mayo de 2015

TRANSFORMACIÓN AL VOLANTE

         No se que me pasa últimamente pero no soy el mismo que era. Llevo una temporada que tengo lapsus de memoria, no recuerdo que he hecho en ciertos momentos de mi vida cotidiana. Hay veces que me levanto y todo se desarrolla de manera normal, me levanto, desayuno, como, duermo la siesta, meriendo, ceno y me acuesto, vamos, lo que vulgarmente se conoce como la vida del cerdo. Hasta aquí todo bien (que digo bien... de buten) pero hay otros días que algo extraño me pasa, mi vida no transcurre igual, se producen acontecimientos que yo no recuerdo en su totalidad, incluso diría que no he sido yo el que los ha vivido.
           Todo comenzó a raíz del cobro de la herencia de mi bisabuela la argentina, que no es que fuera de ese país, es que se ponía a hablar y no había un Dios que le quitara la palabra. Se enrollaba... se enrollaba.. y no paraba en torreta. La pobre mujer cuando nos pillaba por banda se quedaba bien a gusto. Al tema. No es que me tocara mucho dinero, pero yo siempre había tenido un sueño ¡tener un buen coche deportivo! así que aproveche ese pellizquito que me tocó de herencia y me compré el coche de mis sueños ¡un Porsche Carrera! Que le voy a hacer, uno tiene sueños caros. Claro lo compre y me quedé sin un duro, pero tenía mi "Porscchh" como a mí me gusta llamarlo porque el resto de los mortales cuando me ven le llaman "Porche" ¡que incultura!. El caso es que siempre me ocurre lo mismo cuando me subo a él, es poner mis manos sobre el volante y algo se apodera de mi cuerpo de tal forma que me cambian hasta las facciones de la cara. Todos me conocéis, soy una persona más bien tímida, apocada incluso, que lleva una sonrisa siempre en la cara pero es subirme al coche... y la sonrisa se me borra por completo, apareciendo en su lugar una expresión de poder, de ser superior. La timidez da paso a una extroversión indigna de una persona humana. Se me pasan cosas por la cabeza que... que... ¡buf, me da miedo hasta contarlas!
            El primer día de tener el coche los del concesionario me lo trajeron hasta mi puerta. Llamaron y mi mujer y yo bajamos a la calle donde nos hicieron entrega de las llaves. Nos dejaron solos para que lo disfrutáramos. Nos subimos a él y en cuanto toqué ese volante de cuero, climatizado, con sus incrustaciones de nácar en el centro, me pegó tal subidón de adrenalina que los carrillos de mis mejillas enrojecieron hasta tal punto que mi mujer tuvo que ponerse las gafas de sol porque llegaban a deslumbrarle. A mi mente vinieron entonces escenas cercanas a la paranoia, mejor dicho, a la psicopatía, porque un anciano pasó por delante de mi Porscchh y me pareció que se apoyaba en el capó. Me entró de todo. Le toqué el pito (el suyo no, el del coche) bajé la ventanilla y como un descosido empecé a insultarle y a llamarle de todo menos guapo. El pobre hombre se llevó tal susto que en cuanto terminó de cruzar la calle cayó al suelo fulminado. "Menos mal que ha caído en el otro lado y no encima de mi coche porque sino lo reviento" pensé o dije en voz alta, ya no me acuerdo. 
             Al momento un coche por detrás me hace las luces. No se qué debí pensar, que me quería adelantar o algo y me pedía paso.... a mí..... ¡con mi Porscchh nuevecito! La cabeza se me embotó de repente, creí estar en un circuito de fórmula 1 yo miraba el cuenta kilómetros e iba a 300, pero por detrás venía un Simca Mil pidiéndome paso. Yo aceleraba y aceleraba pero el Simca seguía pegado a mi guardabarros trasero. ¡Que mal trago pasé!... Menos mal que enseguida el conocimiento volvió a mi cabeza y descubrí que lo único que pasaba es que el sol reflejaba en el coche que yo tenía detrás. Pero lo más impactante fue ver la cara de mi mujer a mi lado ¡Estaba blanca! era incapaz de articular palabra alguna, que yo pensé "Joder, que bien nos hubiera venido el coche para callar a la bisabuela argentina", pero enseguida recapacite y le di dos tortas bien dadas para que reaccionara. ¡Vamos si reaccionó! me pegó un puñetazo en mis partes y me dijo "¿Duele? pues a mi también me ha asustado verte como te has puesto y no he reaccionado como tú". Se bajó del coche y se dirigió hacia casa. Yo quité las manos del volante, abrí la puerta del coche y me bajé casi llorando. No por el disgusto de dejar el coche, no, sino por el dolor de "güitos" que llevaba tras el puñetazo recibido. Sin poder incorporarme del todo y casi arrastras llegué al portal y lo mejor de todo, me tocó subirme cinco pisos andando y en mis condiciones, porque la buena señora dejó la puerta abierta del ascensor para que me acordara de que eso de dar tortazos no estaba demasiado bien visto.
               Y así va todo. Hace ya mas de tres meses desde que me compré el coche y cada vez que me subo a él me suceden cosas extrañas. Y yo pienso: ¿Que me sucederá el día que me atreva a arrancarlo y ponerme a circular? ¡Solo Dios lo sabe!. ¿Mentira o Verdad?

6 comentarios:

  1. Te entiendo perfectamente y tengo la solución para ti. En mi libro "Imbecil, quita del medio, ostia ", hablo de la educación al volante. Te lo recomiendo.

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    1. Ya solo por el título estoy deseandico de leerlo. Seguro que es práctico y sobretodo educativo

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  2. La verdad ,cuando nos ponemos frente a un volante,nos volvemos imbéciles con mayusculas.Y yo no pregunto ¿ Mentira o Verdad ?.Yo lo afirmo,imbéciles y tontos a reventar.Si ademas el coche es un porssss ,o algo asi ,el grado de tontuna e imbecilidad debe ser uffff...eltiolavara.tom

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    1. Ya se lo prestare un dia para que vea a donde llega ese grado de tontuna

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  3. Respuestas
    1. Y cuando llegan lo hacen por partida doble, siempre me toca anular uno de los repetidos

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